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Trilla a yegua suelta

La trilla a yegua suelta es una práctica que se está perdiendo en el campo chileno, debido a la modernización de la agricultura. Se continúa realizando en algunas localidades de la zona central de Chile como una celebración transversal, que reúne a patrones y obreros. Aquí todos los campesinos, ya sea que trabajen en el campo donde se celebra la trilla o sean vecinos, contribuyen con sus yeguas y potrillos.

La trilla consiste en que los animales pisotean las gavillas del trigo y son arreadas por jinetes, que las hacen correr en círculo. Yeguas y potrillos trillan sin sus herraduras para que, al pisar, no destruyan el trigo.

Enero de 2019, El Trapiche, VII Región.

Chupallas de la Lajuela

Las chupallas son sombreros artesanales hecho de paja, que usualmente usa la gente de campo y los huasos en la zona central para protegerse del sol. Para elaborar la chupalla primero se trenza la paja y luego cada trenza es cocida a máquina una junto a la otra, para darle su forma característica. El nombre proviene de su raíz en la lengua quechua, oriunda del Perú y extendida a Chile durante la dominación inca. La palabra “chupalla” o “achupalla”es el nombre vulgar de la Fascicularia bicolor, planta del cual se saa la materia prima para estos sombreros. El sombrero de paja se comenzó a utilizar en Chile en la década de 1740, y adoptó el nombre de chupalla en la década de 1820. Al principio, las chupallas eran sombreros ordinarios; pero la llegada de los sombreros de pita y de jipijapa (Ecuador), en la segunda mitad del siglo XVIII, impulsó a los campesinos chilenos a elaborar también una línea de chupallas finas, proceso iniciado a comienzos del siglo XIX. A partir desde entonces han convivido las dos calidades: chupallas ordinarias y chupallas finas. Durante tres siglos, los campesinos han mantenido viva esta tradición, la que ha llegado hasta la actualidad.

Enero de 2015, La Lajuela, VI Región.

Pascua de los Negros

La Pascua de los Negros es una fiesta de índole religiosa que se celebra en el pueblo de la Tirana, entre el 4 y el 6 de Enero. Durante esta fiesta bailan los pastores, rememorando a los humildes pastorcillos que en la tradición católica, llegan hasta el pesebre donde ha nacido Cristo. Los Pastores además de bailar, cantan arrurrús y otras canciones de navidad, todas al niño recién nacido, acompañados de lakitas (las comparsas de Lakitas son conjuntos musicales compuestos instrumentalmente por una familia o tropa de lakas más un cuerpo percusión constituido por bombo, caja y platillo, este último en reemplazo del triángulo que antiguamente se tocaba).

Durante el día los peregrinos dejan sus figuras del niño dios en una capilla, para que sean bendecidos. Durante la noche del 5 al 6 de Enero se asiste a la misa del Gallo, los pastores bailan y se regala pan de pascua y chocolate caliente. El día 6 durante la mañana se entregan las figuras de los peregrinos bendecidas, decoradas con caramelos y peras de Pica (pequeñas peras verdes), que representan el dulce amor de Dios. Después de la misa se hace la proseción alrededor del pueblo. Durante esta, los fieles llevan sus propias figuras del niño en brazos. Los pastores comienzan a despedirse durante la tarde y la música y letras que cantan son muy dulces y mucho más melancólicas que los arrurrús de los primeros días. Al final de la fiesta al niño le ofrecen panes dulces y lo llevan en una procesión alrededor de la iglesia. A esto se le conoce como Kacharpaya o despedida.

Esta fiesta viene desde la época de la esclavitud negra en Chile. Los sirvientes negros eran muy escasos, por ser muy caros, por tanto eran considerados un símbolo de estatus. Estos esclavos debían servir durante la navidad a los invitados de la casa patronal a dónde pertenecían. Una vez pasadas las fiestas se le daba permiso para celebrar el día de reyes, en el cual veneraban a Balthazar, el Rey Mago de piel negra. La fiesta permeó a la sociedad nortina y se transformó en tradición en la zona.

Enero de 2018, La Tirana, I Región.

Fiesta de la Chinita de Andacollo

Los cronistas de la época cuentan que la imagen de la Virgen del Rosario fue traída a Chile por los españoles al fundar La Serena, en 1544. Cinco años más tarde, la ciudad fue incendiada por los indígenas y algunos españoles alcanzaron a escapar hacia las montañas andacollinas, llevando consigo la imagen sagrada, que escondieron entre los cerros de la zona.

Agregan que fue entre 1560 y 1570 cuando un indio de Andacollo halló la imagen en un matorral. Más tarde construirían una capilla de paja para venerarla. Así comenzaron también los primeros bailes chinos, en 1584. A mediados del siglo XVII, la capillita fue destruida y la imagen sagrada desapareció misteriosamente.

Un nuevo párroco de Andacollo, Bernardino Álvarez del Tovar, recolectó dineros y mandó a tallar otra imagen de la Virgen María del Rosario, en Lima, Perú, llegando ésta en 1676. Es de madera, tiene rostro indígena de color moreno, ojos achinados y una sonrisa insinuada. Su figura mide 103 cm de alto y es la que hoy veneran los peregrinos.

A la virgen, los lugareños la nombran cariñosamente como “La Chinita”. La Chinita tiene dos fiestas, la grande y la chica. La fiesta grande se celebra entre el 23 y 27 de diciembre y la fiesta chica se realiza el primer fin de semana de octubre.

El baile más tradicional de estas celebraciones es el de los chinos (en quechua: sirviente). Originalmente los chinos eran sólo hombres, y bailaban tocando una flauta de piedra y tambor. Actualmente hay chinas y las flautas son de madera, las que se heredan de abuelos, padres o tíos. Niños y guaguas recién nacidas se le ofrecen a la Chinita, como símbolo de devoción. Estos niños a su vez seguiran la tradición del baile. Con el tiempo se han incorporado otros bailes nortinos y del altiplano. Una influencia más tardía son los bailes indios estilo sioux, con plumas y otros adornos.

Octubre y diciembre de de 2012, Andacollo, IV Región.